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Ecosocialismo:
devastación capitalista o nueva civilización Gustavo Fernández Colón¹ Un fantasma recorre el mundo: el fantasma de la devastación de la naturaleza y de los pueblos pobres del Norte y del Sur, como resultado de la extensión planetaria del capitalismo. La raíz de la crisis: el paradigma ético del individualismo competitivo y su corolario económico de la lucha sin tregua por la máxima ganancia, al margen de cualquier otra consideración de orden social, ecológico, político o cultural. No se trata solamente de un sistema de relaciones económicas cuyas reglas de juego conducen, fatalmente, a la opulencia de una minoría y a la miseria y la exclusión de las mayorías. Además de eso, la encrucijada por la que atraviesa hoy la humanidad nos obliga a repensar el sentido de los avances tecnológicos producidos en los últimos doscientos años para dominar y transformar a la naturaleza. Nos obliga a ensayar nuevos modos de organizar la toma de decisiones políticas, hoy secuestrada por las élites económicas y militares del “casino global”. Nos obliga a inventar otra manera de afrontar los desafíos de la educación, la comunicación y la convivencia entre los pueblos, para darle cabida a la diversidad de las culturas creadas por el ingenio de la especie. En fin, la exacerbación de la inestabilidad y los conflictos que todos los individuos y sociedades del mundo sufrimos en la actual transición histórica, responde a una dinámica mucho más profunda que la de una debacle cíclica de la economía de mercado y se revela, cada vez más, como una crisis civilizatoria. Son al menos cinco las dimensiones cruciales de esta crisis.
En síntesis, estas cinco tendencias y otras tantas que irrumpen a cada paso en la presente coyuntura histórica, expresan la complejidad de una serie de transformaciones sociales que apuntan, en su conjunto, al surgimiento de un nuevo paradigma civilizatorio, de alcance planetario y al mismo tiempo arraigado en las particularidades locales. Una nueva era a la que preferimos denominar Ecosocialista, para aglutinar en un solo término la multiplicidad y profundidad de los procesos revolucionarios en curso. Vale advertir que al esbozar los rasgos esenciales de esta coyuntura, en modo alguno pretendemos sugerir que se trata de una dinámica lineal y exenta de eventos traumáticos. Al contrario, cabe esperar que todos estos cambios se desarrollen dentro de una compleja trama de resistencias y conflictos, cuya resolución dependerá, principalmente, de nuestra capacidad de discernimiento y empuje organizativo. Es en este trance donde el Ecosocialismo
emerge como expresión política de una ética global, centrada en la
responsabilidad compartida de preservar la continuidad de la vida
sobre la Tierra, mediante la selección de patrones tecnológicos y
energéticos respetuosos de la salud del hombre y la naturaleza. Una
ética que salvaguarde el derecho inalienable de los pueblos a
escoger su propia senda de desarrollo en concordancia con los
saberes ancestrales y las identidades culturales autóctonas. Una
ética que haga posible la construcción de un nuevo orden económico
internacional equitativo y solidario, donde la pobreza, la exclusión
y la guerra fratricida se conviertan, más temprano que tarde, en
vestigios de una etapa histórica superada por la humanidad.
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